El hombrecillo de papel

En los tiempos antiguos, los dioses modelaban hombres de barro a los que luego insuflaban el aliento vital. Tiempo después, un rabino de Praga quiso jugar a ser Dios, pero su criatura protectora se le escapó de las manos y resultó ser un monstruo amenazante para la comunidad. En los tiempos modernos, una niña anónima anda buscando un amigo para entretenerse, pero no tiene barro: ¿valdrá una hoja de papel de periódico? A diferencia del Golem judío, este hombrecillo hecho de letra impresa sí ha venido al mundo para proteger a la humanidad, pero ha nacido lleno de noticias malas. Si quiere inundar de bondad los corazones de los niños, tendrá que pasar antes por la lavandería…

Quien haya tenido el placer de conocer a Fernando Alonso, autor e ilustrador de este librito que está en las más prestigiosas listas de honor de la literatura infantil, sabrá que es también un hombrecillo sencillo y bueno (o quizá es que él es su mismo personaje). Quien sólo conozca su obra, sabrá en todo caso apreciar su característico estilo poético-simbólico, que en esta variante moderna de los mitos creacionales le sirve para contagiar a los lectores de ciertas esencias de la vida que en realidad son las que sostienen nuestro mundo.

En Internet puede encontrarse más de una actividad escolar relacionada con el libro, además de la guía de lectura que ofrece gratuitamente el CEPLI. Y hay colegios que, incluso, se han atrevido con una recreación audiovisual, tal vez inspirándose en la candidez del los trazos “escolares” del propio autor, pero sin acercarse a la fuerza de los collages que también ilustran el libro, nada pacatos a la hora de mostrar la barbarie humana a los pequeños lectores.