Versión coral de la Nana para dormir a un ogro glotón

El compositor y director del Orfeó Valencià Navarro Reverter, Josep Lluís Valldecabres, puso música a esta nana, y los niños de la Coral Santísima Trinidad, dirigidos por Carmina Moreno Llabata y con Christian García Marco al piano, llevaron la composición al 7º Encuentro de Corales Infantiles en el Palau de la Música de Valencia. Lo traigo aquí porque la nana me suena de algo…

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Tres poemas inéditos

Mi amiga y colega Sàlvia, con sensibilidad y tesón a partes iguales, se ha convertido en la mejor especialista en poesía infantil y juvenil en los medios virtuales. A la derecha, en los sitios a donde voy, pueden consultar su blog. Está escrito en una lengua diferente a esta en la que escribo, diferente pero hermana. No es difícil entenderla, aun sin conocerla. Inténtenlo.

Ahora a Sàlvia-Mª Dolors le han encargado un artículo sobre la presencia de la poesía infantil y juvenil en Internet, que pueden leer aquí, donde se queja, no sin fundamento, de que algunos poetas infantiles guardamos celosamente nuestros versos para los editores de papel (quienes, por otro lado, raras veces se interesan por la poesía infantil) y no aprovechamos las indiscutibles ventajas de la publicación virtual, que es siempre (o de momento) gratuita, directa y de alcance universal.

Amiga y colega: recojo tu queja. Allá van tres poemas de un poemario inédito que titulé Balada del niño herido:

PURA DIABLURA

Un ángel bajó del cielo
cuando la tropa dormía:

«Despierta, niño de espuma,
y coge la mano mía,
que quiero enseñarte un juego
antes de que llegue el día.»

Un batallón de luceros
ilumina la partida,
y la luna capitana
guiña un ojo, divertida.

Treparon a los balcones,
rastrearon las celosías,
usurparon los jardines,
trajeron la flor herida.

Pura diablura en la noche,
tierno clavel aún con vida,
que en el fusil del soldado
estalla en roja alegría.

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CABELLO DE ÁNGEL

Gemía el niño
de madrugada
—los ojos dulces,
la boca amarga,
vacío el vientre,
repleta el alma—
y vio que el ángel
de piel de nata
con voz de brisa
le preguntaba:

«¿Quieres probar,
niño, mi blanca
melena suave
y entrelazada
hecha de azúcar
y calabaza?»

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NANA DE LA NADA

Ea, ea, mi niño,
gusanito de seda,
en tu cuna de nada
descansa y sueña.

Con retales de sombra
y remiendos de ausencia
va tejiendo el soldado
su doliente bandera.

Ea, ea, mi niño,
pajarillo de niebla,
en tu nido de nada
descansa y sueña.

Con la herrumbre del odio
y oxidadas miserias
han forjado los hombres
una gruesa cadena.

Ea, ea, mi niño,
sol de la nueva era,
en tu nube de nada
—gélida almohada—
descansa y sueña.

El secreto del oso hormiguero

Libro secreto, libro en voz baja,
libro nocturno: libro-cama.

Libro de luna, libro de lana,
libro caricia: libro-almohada.

Libro que cura, libro que abraza,
libro que abriga: libro-manta.

Libro de lumbre, libro de llama,
libro de insomnes: libro-lámpara.

Libro con vida, libro con alma,
libro de ensueños: libro-larva.

Libro que cuenta, libro que canta,
libro que acuna: libro-nana.

Versos de agua

Cacarabín, Cacarabón es el título en gallego de este libro que fue elegido como uno de los 100 mejores del siglo XX español en el VI Simposio sobre Literatura Infantil y Lectura de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Y puede que el mérito resida en que Antonio García Teijeiro es quien mejor y con más asiduidad viene practicando desde hace años un tipo de poesía que, como él mismo confiesa en su blog, difícilmente llega al niño sin la ayuda de un mediador sensible y comprometido, pero que, lejos de propuestas más impostadas (aunque igualmente lícitas: la literatura como impostura no es delito) y apartada de la tendencia narrativa predominante (que cosecha, sin duda, éxitos más inmediatos), es siempre una búsqueda incansable, sincera y honda de las esencias poéticas.

Si defendemos que la poesía es tan necesaria para el crecimiento del niño como la leche materna o el potito, las primeras tomas habrán de ser en su forma menos contaminada, más primigenia. Si entendemos además que la poesía nació hecha música, a la música habrá de volver cuando quiera recuperar esa pureza que, bien lo sabe el buen poeta, siempre se encuentra en el agua «juguetona, fresca y cristalina» de las fuentes populares. Por eso estos Versos de agua nos salpican, nos empapan más bien, con sus ritmos ancestrales, con sus juegos infantiles y sus ecos musicales.

Libro bello desde la cubierta hasta la última página, donde las ensoñadoras ilustraciones de Teo Puebla cobran tanto protagonismo como los poemas y refuerzan la capacidad evocadora de este riachuelo de versos por el que navegan reposadamente los niños-poetas jugueteando con el lenguaje, con la jitanjáfora y la onomatopeya; o unos pastores romanceando sus cantares e ilusiones; o la barca que compró un día el abuelo y ahora flota a la deriva de su propia libertad; o los vivos instrumentos de una orquesta que está loca; o esa flauta impertinente, engolada y presumida; o un piano celestial tocado por la alba Luna; o el tambor que fue ignorado y volvió al viejo cajón…