Juan Felizario Contento

Decíamos ayer que la literatura educa al niño. Lo educa sobre todo en el sentido de que lo hace libre. La literatura parece ser que nace de la libertad y que conduce a ella por el vehículo inestable, traqueteante, de la felicidad. Resulta así que en estos mundos nuestros de oro enmerdado y capitalismo genocida queda pendiente una revolución limpia y dichosa del desapego, que bien pudiera protagonizar un niño alegre y despreocupado que se mueve (libre de innobles cargas, las manos inocentes en los bolsillos) como flotando por encima de los cementerios.

El niño Juan Felizario Contento (tal vez ayer mendigo de favela y hoy rey coronado de los negocios) es el protagonista de este álbum de la veterana escritora e ilustradora infantil brasileña Ángela Lago, que fue editado en 2003 por el Fondo de Cultura Económica en su espléndida selección de “Los especiales” de su no menos ilustre colección “A la orilla del viento”.

Bajo un formato amplio y apaisado, un texto mínimo en forma de retahíla o acumulativo se queda aislado sobre el blanco de las páginas impares, acompañado tan solo por las figuras de los personajes suspensos en el vacío, sin fondo alguno. Mientras, los paisajes de la ciudad (en imágenes muy gruesas y compactas, esquemáticas, desfiguradas) invaden todas las páginas pares y las rellenan casi por completo. La ilustración aporta así un valor diegético que complementa al texto, o lo completa, con elementos siempre sutiles (obsérvense los pies del niño a lo largo de la historia; o sígase la peripecia de los otros personajes y de cada posesión intercambiada) y quizás algo enigmáticos para el lector infantil (¿qué hace Juan Felizario frente a una tumba?, ¿quién falleció?, ¿tendrá esto algo que ver con esos hombres inquietantes de bolsillos rebosantes de monedas?).Juan Felizario Contento

Según figura en otra fuente consultada, la obra fue publicada más tarde por otro editor como Suerte de Juan, el rey de los negocios. Pero el título vendría a ser lo de menos, puesto que lo que hace aquí la autora no es otra cosa que revisitar, para recrearlo en el contexto de una macrourbe brasileña, un cuento tradicional recuperado en su tiempo por cierta pareja de hermanos germanos, como nos hace ver la jugosa reseña de Mirta Gloria Fernández para la revista Imaginaria.

El Juan está de suerte de los Grimm adelantaba ya la historia del desprendimiento de toda carga material incómoda o inútil, que el sabio nunca dudará en cambiar por la felicidad inmensa del instante diminuto, ligero y libre, bello y volátil como pluma.

El Juan Felizario Contento de Ángela Lago es el viaje iniciático de un niño hacia la sabiduría a través del intercambio de cualquier cosa por otra que lo haga cada segundo más feliz, hasta lograr la dicha plena en la desposesión más absoluta: tan solo una manera necesaria, revolucionaria, de caminar descalzo por la vida.

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