Versos de agua

Cacarabín, Cacarabón es el título en gallego de este libro que fue elegido como uno de los 100 mejores del siglo XX español en el VI Simposio sobre Literatura Infantil y Lectura de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Y puede que el mérito resida en que Antonio García Teijeiro es quien mejor y con más asiduidad viene practicando desde hace años un tipo de poesía que, como él mismo confiesa en su blog, difícilmente llega al niño sin la ayuda de un mediador sensible y comprometido, pero que, lejos de propuestas más impostadas (aunque igualmente lícitas: la literatura como impostura no es delito) y apartada de la tendencia narrativa predominante (que cosecha, sin duda, éxitos más inmediatos), es siempre una búsqueda incansable, sincera y honda de las esencias poéticas.

Si defendemos que la poesía es tan necesaria para el crecimiento del niño como la leche materna o el potito, las primeras tomas habrán de ser en su forma menos contaminada, más primigenia. Si entendemos además que la poesía nació hecha música, a la música habrá de volver cuando quiera recuperar esa pureza que, bien lo sabe el buen poeta, siempre se encuentra en el agua «juguetona, fresca y cristalina» de las fuentes populares. Por eso estos Versos de agua nos salpican, nos empapan más bien, con sus ritmos ancestrales, con sus juegos infantiles y sus ecos musicales.

Libro bello desde la cubierta hasta la última página, donde las ensoñadoras ilustraciones de Teo Puebla cobran tanto protagonismo como los poemas y refuerzan la capacidad evocadora de este riachuelo de versos por el que navegan reposadamente los niños-poetas jugueteando con el lenguaje, con la jitanjáfora y la onomatopeya; o unos pastores romanceando sus cantares e ilusiones; o la barca que compró un día el abuelo y ahora flota a la deriva de su propia libertad; o los vivos instrumentos de una orquesta que está loca; o esa flauta impertinente, engolada y presumida; o un piano celestial tocado por la alba Luna; o el tambor que fue ignorado y volvió al viejo cajón…

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6 comentarios en “Versos de agua

  1. Gracias por un comentario sobre “Versos de agua” tan cariñoso.
    Todo ello rezuma un amor por la poesía y los niños, además de un concepto alto por la palabra escrita para los pequeños, que emociona.
    A mí me interesa “contagiar”, seducir, emocionar, derribar muros y hacer que la poesía se filtre, porque pienso que la poesía no se enseña. Es imposible. Se pone cerca del lector, se dice en voz alta, se lee para sí y, poco a poco, va formando parte de tu discurrir por este río que va a alguna parte, que es la vida.
    Apertas e bicos dende Galicia, mollada e con sabor a sal.
    Me encantaría ponerme en contacto contigo.

    • ¡Menudo honor, Antonio! La verdad es que te respondo con los dedos un poco temblorosos, por los nervios. Para mí tus poemarios, junto con los de Carlos Murciano y el “Chamario” de Eduardo Polo, están entre lo mejor de lo mejor de la poesía infantil en castellano (en tu caso, también en gallego, y es una lástima que no pueda contestarte en esa lengua bella y antigua: olvidé lo poco que me enseñaron de ella en la Facultad).
      Resulta curioso que ayer mismo pudiera constatar tu afirmación de que la poesía es imposible de enseñar. He cambiado recientemente de biblioteca y he iniciado en mi nuevo destino un taller de poesía infantil. Era mi primera experiencia, era también mi primer día. Pensé que sería interesante llevarles algo chocante sobre lo que pudieran hacer versos divertidos. Todo es poetizable, pensé, y decidí llevarles una coliflor, que coloqué encima de la mesa. “En todas las cosas de la vida hay poesía”, les dije. Un niño me dijo que era asquerosa, y entonces le reté a que se lo dijera mejor a ella misma y en forma de poema, a ser posible. A otro niño no le interesaba nada de todo aquello: sólo quería leer sus propios poemas que traía escritos de casa, pues pensó que un taller de poesía es un sitio donde uno lleva sus poemas… ¿A repararlos, quizás? En cierto momento, incluso, se inició una discusión botánico-bizantina sobre si la coliflor era verdura u hortaliza. En fin, que nos salíamos del tiesto, o del huerto. Todo lo que tenía más o menos programado para enseñarles (quería que escribieran unas décimas a la coliflor utilizando el juego de los cadáveres exquisitos) se vino al garete (para bien, pienso ahora): ellos no aprendieron poesía, porque la poesía, estoy contigo, en lugar de aprenderse se aprehende. Quien sí aprendió algo fui yo y creo que el próximo día dejaré la coliflor en casa y nos pondremos simplemente a soñar…

      Será todo un placer que estemos en contacto. Te dejo mis datos en un mensaje privado a tu e-mail. Mientras tanto, recibe un fuerte abrazo

  2. Siempre me gustó este libro. ¡Cuánta razón tienes! Es poesía viva, juguetona, auténtica, como es su autor. Utilizo alguno de estos poemas, en gallego, en una antología que estoy preparando. Antonio es para mí una referencia esencial en la poesía gallega y, también, en castellano. Asistí a sus talleres y quedé prendada de la capacidad para emocionar a través de su palabra poética, de su pasión por contagiar, un verbo que le encanta utilizar, si pensamos, además, lo extenso de su obra, y la enorme calidad de sus libros, porque ama lo que hace y considera a los pequeños como lectores muy serios. Cree en la poesía y en la música por encima de todo.Por eso yo lo llamo “mensajero de la palabra poética”. Felicidades por una página tan llena de calidad literaria.

  3. La verdad es que Alba exagera, y mucho, sobre mi obra y mi persona.
    Es cierto que viene a talleres de creación poética, pero no creáis que las cosas son como dice ella.
    Es bueno que los que creemos en la poesía para los niños estemos cerca, sepamos unos de los otros y compartamos (verbo esencial) la palabra poética.
    Nada de complejos. No queremos que se minimice nuestra labor mas no nos asusta el término “infantil”, incluso lo amamos. Lo único que no permitimos es la falta de respeto hacia los lectores, que juegan, ríen, lloran. gritan, se emocionan con los versos. Muchos adultos quedarían sorprendidos si vieran la emoción que se produce en un aula que huela a poesía. Son ellos, los adultos, los que le tienen miedo y nosotros, con actitudes honestas, vamos a intentar que las niñas y los niños vayan creciendo sin temor a la poesía, que la hagan de ellos y la “utilicen” para ser más felices. Allá los demás con sus prejuicios. Es maravilloso compartir nuestros versos sin competencia. Yo creo en un poema enorme, universal, en el que cada libro nuestro sea un verso y aportemos dignidad a la POESÍA (con mayúsculas) y al ser humano en general. Para mí, la poesía es “una manera de vivr” o, como decimos en Galicia, es “un xeito de vida”.
    Bicos e versos dende unha Galicia gris e neboenta pero coa forza do sal poético.

  4. Y ahora un regalo para mis amigos y amigas de NIÑOS Y POETAS.

    A folla xeitosa
    bordou no mandil
    uns bicos de berce
    e uns bicos anil.
    Uns bicos de seda.
    Uns bicos de xiz.
    Uns bicos de azucre.
    Uns bicos sen fin.
    Que bicos tan tenros
    bordou no mandil
    a folla xeitosa
    un día de abril!

    (de mi libro “Cando caen as follas”) Everest-Galicia)

    Bicos e versos dende Galicia.

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