Desde el corazón de la manzana

Juan Farias (Serantes, Ferrol, La Coruña, 31 de marzo de 1935 – Villaviciosa de Odón, Madrid, 11 de junio de 2011), que escribía claro y puro como un ángel, se fue ganando el cielo literario a fuerza de hurgar honesta y delicadamente en el corazón de todas las cosas: las manzanas y las gentes, las tortugas y los duendes de montaña…
Se dijo de él que, en el panorama de la literatura infantil y juvenil, era el gran cantor de la vida rural y real, pero tal vez sobraran los adjetivos: era la vida sin más, tan sólidamente auténtica como inquietantemente zarandeada por vientos raros y fabulosos. Así se lo hace ver un maestro, acabado el curso, al protagonista de esta novelita infantil y a sus compañeros de clase:

Ahora, y hasta que medie septiembre, escribid un libro.
-¿De qué clase? -pregunté.
Sonrió.
-De piratas malayos o de enanos gigantescos. Y mirando a Petunia (hoy a punto de ser abuela), dijo:
-De cómo serán los cinco hijos que quieres tener y de qué coliflor saldrá el mozo que ha de enamorarte.
Se volvió a Carlos (hoy ya descansa en paz) y sugirió:
-La historia de un hombre que inventa cualquier chirimbolo, algo que aún no hay, pero de lo que luego nadie podrá prescindir.
Se puso el sombrero, cogió el bastón, le dio una estocada al aire y dijo:
-También podría ser sobre lo que se mueve a vuestro alrededor, las personas, los duendes, el viento, etc., etc., etc.
Saludó y se fue de vacaciones.

Tras esta invitación tan seria al libre albedrío creativo, vendrá el cuerpo principal del relato, que hemos de tomar como la materia prima del propio ejercicio literario del rapaz protagonista.

En Desde el corazón de la manzana van a deambular, por descontado, esas gentes de pueblo y ese mundo cotidiano reconocibles en toda la obra de Juan Farias, pero también acaecerán ciertos sucesos extraordinarios, entre los que ha de tener cabida, como no podía ser de otro modo, el amor.

Tómese si se quiere también esta entrada como una invitación a la escritura. No es mala idea para el verano… Pero yo ya hice los deberes, así que ahora me calo la gorra, digo adiós y…  me voy de vacaciones.

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